El cazador y la loba canela

Hace mucho tiempo, cuando los bosques llenaban la tierra con su vida y los dioses miraban con orgullo su creación; existió una pareja de lo más peculiar. Un joven cazador y una loba color canela vivían en el espeso bosque; ambos se ayudaban mutuamente con el objetivo de sobrevivir y disfrutar de lo que le brindaba la naturaleza. El cazador portaba un arco y una espada, la loba lucía grandes colmillos y se caracterizaba por su gran agilidad y su personalidad introvertida. Pero con el cazador ella era diferente, ambos conectaron desde el primer momento y su cariño era mutuo. Se protegían, pese a las adversidades que les ponían los dioses y la naturaleza, conseguían salir airosos de enemigos. Por la noche, ambos meditaban a la luz de la luna, cuestionándose todo cuanto había a su alrededor.

En los momentos de mayor pesar del cazador, la loba le brindaba su compañía siempre, y eso él lo agradecía: “A veces es mejor mantenerse alejado de todos, pero tu pureza es infinita, y puedo confiar” le decía el cazador a la loba.

Y así se mantuvieron durante años, el cazador creció y la loba junto a él. Pero los años no pasaron en balde. Escaparon de muchas situaciones, pero no recapacitaron en que a la dama negra no se le escapa nada.

En poco tiempo, la loba cayó enferma pese a su fortaleza. El cazador hizo todo lo que estuvo en su mano por recuperarla, pero fue inútil. La edad avanzada de la loba le impidió volver a levantarse, situación que entristeció mucho al cazador, ya que era su fiel compañera.

Ya preparados para la despedida, la loba permaneció inmóvil en su lecho, pero no apartó la mirada de su amigo. El muchacho, arrodillado imploraba a todos los dioses su salvación; pero recapacitó sobre la situación, entendió que todo ciclo tiene su fin y esta vez la dama negra la había elegido a ella. Comenzó a rezar a los dioses entre lágrimas para que la protegieran en su viaje. Llegado el momento, pata y mano se agarraron, la loba expiró su último aliento. Pero algo inusual aconteció. El espíritu de la loba se presentó ante él, llena de una luz cálida color canela que iluminó el rostro del cazador; llenándolo de paz y tranquilidad en su interior.

“Siempre estaré en tu corazón, recuerda cazador, la materia no desaparece, solo se transforma” habló es espíritu de la loba y seguidamente se desvaneció.

El cazador veló el cuerpo de su compañera hasta que la naturaleza se lo llevó a su origen, pero en su corazón ya no había tristeza, ya que el espíritu de la loba moraba en él y no dejó sitio alguno a oscuridad.

El lobo pulveriza el récord de larga distancia - Ambientum

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